Aquel día nos dimos cuenta de que habían desaparecido.

Ciertamente, en todo el barrio no quedaba ni un solo contenedor de reciclaje de vidrio. Después de unos años ya casi nos habíamos acostumbrado a su presencia, tan verdes, tan silenciosos.

Al poco de ver los informativos nos quedó claro que no quedaba ni uno solo en todo el mundo.

Tras ser tema de moda en todas las conversaciones, poco a poco nos fuimos olvidando de ellos.

El martes pasado volvieron a aparecer todos। Hay quien comenta que había vuelto de su planeta tras descargar la información obtenida.

El hombre que se quedó helado

Aquel día viendo el telediario me quedé helado. Mi mujer, que siempre me había reprochado que era muy frío, ahora se ríe al ver que tenía razón y utiliza los témpanos que caen de mis brazos para enfriar el té, que granizado es más de su gusto. Me deja sentado delante de la televisión con la esperanza de que alguna noticia me enerve y me caliente, y así vuelva a mi ser. Lo malo es que, me da la sensación de que la familla que le está dando ser la mujer del hombre de hielo, es más fuerte que su deseo de volver a tener un marido normal. No hay más que ver lo bien que se lo pasó el otro día en el programa de Íñigo, que tras veinte años de ausencia volvía a la televisión, mucho más gordo, y calvo como una bola de billar, rodeada de seres tan extraños como aquellos enanos crecederos o la famosa Mari Gutiérrez la niña de los cabellos de oro ahora convertida en la señora de la melena de plata fina.

La niña de los cabellos de oro

Cuando te viste en aquel programa, Directísimo, de Íñigo, te enfadaste un poco por tener una tele en blanco y negro y que en tu casa no pudiesen ver en tosa su plenitud tus cabellos dorados. El motivo de aquella entrevista era aquella extraña cualidad de tu cabellera que en vez de pelambre portaba finos hilos de oro. Eres consciente de que desde aquel día tu vida no volvió a ser la misma. La gente que te reconocía por la calle te pedía un mechón de tu cabello y a ti te encantaba hacerles feliz. Te daba igual que tuviesen pinta de pobres que de ricos, mechón a mechón les cambiabas la vida. No te faltaron disgustos, como aquella vez en que se te abalanzó una multitud y tuviste que salir corriendo, aunque ni ese día dejaste de ser generosa, mientras corrías te ibas cortando mechones y dejándolos caer.
Todos los días, tras leer en el periódico la cotización de tu pelo, te cortabas las puntas y se las llevabas a Enrique Busián y con lo que te daba hacías las compras diarias.
Hace unos meses tus cabellos empezaron a encanecer, y lo único que te preocupaba era si tus cabellos serían de oro blanco o de plata. Otra vez te invitó Iñigo a su programa, 20 años después volvía a la televisión aunque calvo y mucho mas gordo. Ya no eras la niña del pelo de oro, ahora eras la señora de los cabellos de plata,
De plata fina eso si.
Aquel día te desilusionaste como nunca en la vida, a tu lado en el plató de aquella televisión, había alguien tan extraño como tú, a él no le salía el pelo de ningún metal precioso, no, a Juan Pedro García ( nombre ficticio) le pasaba que había montado un circo y le habían crecido los enanos, y allí estaba presumiendo de lo rico que se había hecho con aquella atracción de enanos crecederos que todo el mundo quería ver en su circo. También envidiaste un poco a Laura Maria, la chica de los dientes de perla que contaba como tuvo que empeñar su dentadura para poderse pagar una residencia de ancianos. Tu veías como iba pasando gente rara al plató, en hombre de los agujeros en las manos, otras chicas con los cabello de oro y te ibas dando cuenta de que eras una más, un personaje absurdo de un ejercicio de narrativa que se dedica a resucitar metáforas muertas.

Aquellos enanos crecederos

Juan Pedro García (nombre ficticio), es la primera persona que ha puesto un circo y le han crecido los enanos. Según contó el otro día en el nuevo programa de José Mª Íñigo, esto no le supuso la ruina, como era de esperar pues todos sabemos esto siempre ha sido sinónimo de mala suerte. Todo el mundo acudía a su circo a ver la maravilla de los enanos crecederos y también creció su fortuna. Según cuentan las revistas especializadas, fue el paganini de la fiesta que se celebró después del programa y se rumorea que se quedó embelesado con Laura María, la chica de los dientes de perla, aunque las malas lenguas dicen que le interesó más el aspecto pecuniario que el amoroso

La verdad es que nos estamos poniendo nostálgicos. Es probable que la culpa sea de las nuevas redes sociales que facilitan que nos encontremos con gente que hace años que no vemos. O puede que esas redes sociales no sean las culpables, más bien una buena herramienta para conseguir algo que hace años buscábamos.

Muchas veces buscamos a nuestros antiguos amigos y compañeros para cotillear, otras les buscamos por que les estamos buscando hace tiempo, preguntándonos qué será de ellos. A ciertas edades si no sabes nada de alguien te empiezas a preocupar. Hay que tener cautela al preguntar por la gente.

Y nos vamos reencontrando, poco a poco. Y uno se pregunta por qué se alejó de esa gente, esos compañeros que en su tiempo fueron tan importantes. Amigos de juventud, cuando la amistad era más pura y desinteresada (a partir de cierta edad las amistades o contactos casi siempre tienen un interés). La mayoría de las veces la distancia, el vértigo de la vida propia, nos casamos, tenemos niños, nos divorciamos, o no nos casamos o enviudamos, a unos les va bien, a otras regular, otros ya no lo cuentan. Como mucho mantenemos el contacto con dos o tres de esos amigos. Yo, en ese sentido, soy afortunado. Formamos un núcleo de 6 o 7 amigos que seguimos viéndonos y en contacto. Según nuestras mujeres y cónyuges somos unos rara avis.

Otros nos vamos encontrando poco a poco y de forma cibernética, yo ya tengo un resumen de mis últimos años escrito en seis líneas para cuando me preguntan qué tal me ha ido. Seis líneas intensas, os lo aseguro. Hay veces que este encuentro virtual se transforma en real, se recuerdan viejos tiempos y se promete no volver a perder el contacto. A veces se consigue y todo

Así que amigos que me leéis, mi intención es no perder el contacto con ninguno, si alguna vez la vida me vuelve a alejar, os doy permiso para que me regañéis o lo que queráis.

Otra vez, una vez más, como de costumbre llegaba tarde. Pero esta vez tenía una razón, que además sé que a él le gustará. Mi amigo Charly se pondrá muy contento cuando sepa que la he vuelto a ver. Sí, después de tanto tiempo, allí estaba ella, sentada en aquel vagón de la triste línea seis del metro.

Por casualidad, ahora lo dudo, me senté frente a ella. Porque era ella, esa melena negra y esos ojos que le hicieron en su día a Charly, que afirmaba que los ojos negros no existían, tragarse sus palabras. Iba leyendo con la misma sonrisa que el día que la conocimos. Sí, era ella, seguro. Lo comprobé cuando entró aquel chaval a la altura de Príncipe Pio, era el de siempre, hoy, como ayer, acababa de salir de la cárcel “resultando que a la hora que era todavía no había comido”. Si es que era ella le daría algo, siempre los defendía y cuando Charly y yo la decíamos que no fuese tonta que era para droga, ella a punto de llorar nos decía que ojalá nos viésemos así algún día y cosas peores. Vi como le daba veinte brillantes duros y como se ruborizaba cuando él la llamaba guapa. Me miró pero siguió enfrascada en su lectura.

Entre Laguna y Lucero recordé aquellos tiempos en los que Charly y yo, entre otros, nos disputábamos su amor. Casi perdemos las amistades, pero lo que perdimos fue a ella. Fue en un frío marzo, poco después de su cumpleaños. Víctor el agorero vino a darnos la noticia. Aquella moto suya sobre la que tanto lucía.
Por eso Charly me dirá que es imposible, que estoy loco, trastornado, que he bebido una vez más, que deje de decir tonterías, que ella murió en aquel accidente, que Felix también, que no sea estúpido. Lo que no sé es lo que dirá cuando le cuente que al llegar a Opañel, su estación, ella se levantó y mirándome sonriente me dijo:
- Hasta luego antipático

 

Hoy celebro la visita número 100 en mi blog, por lo menos desde que le renové, no son muchas y la verdad es que muchas son mías y otras de los spiders, pero bueno, es un blog joven y tampoco tiene la intención de tener muchas visitas. Si quisiera visitas escribiría un artículo sobre las bayas de goji que son la leche y la gente se informa mucho de ellas por internet. Otra desventaja es que los post se publican también por el Facebook y los potenciales lectores del blog ya lo hacen por el caralibro.

 

Bueno, un saludo a todos los que leéis esto, sea por donde sea.

 Nota:  pongo la imagen de la cerveza que más cosas que recuerda.

 

Inspiración divina

 

 

Francisco esperaba desde hace tiempo en la puerta de la iglesia. Era puntual, muy puntual y odiaba esa falta de formalidad que tenía gente. No soportaba la costumbre de Laura de llegar tarde a todos los sitios, hoy no iba a ser menos, y menos todavía cuando hay una tradición que ampara que la novia siempre llegue tarde a su boda. Ya le cantará las cuarenta mañana, cuando sea su marido y le pueda decir ciertas cosas, atarla en corto. Nada de llegar tarde, y de salir con sus amigas, esas reprimidas divorciadas menos todavía, que ya se sabe, se divorcia una y se quieren divorciar todas.

La iglesia de San Esteban no era la más grande de la localidad, ni la más bonita, pero era la favorita de la gente para casarse por la tradición de albañal. Se decía que entre las reliquias de la iglesia estaba un trozo del albañal en el que fue encontrado el cuerpo de San Esteban y que esta piedra daba suerte a los matrimonios que se celebraban bajo su advocación, los hacía felices y sobre todo fértiles. Estudiosos de la religión, aguafiestas los llamaban los de aquel pueblo, defendían que el santo que fue encontrado en un albañal fue San Sebastián y no San Esteban. Desde entonces el número de bodas disminuyó un poco y fueron, tal vez un poco menos felices y fértiles los matrimonios. Pero fue la iglesia elegida, y no por sus dotes milagrosas, si no, más bien, por su fácil aparcamiento y por su cercanía al lugar del banquete.

Tanto tiempo de pie hacía que los zapatos apretasen y apretasen. Como el sol, y todo por aquella maldita manía de ella de casarse en verano, que si en invierno hace mucho frío, que si la gente no sabe que ponerse, que si van a pensar que se casan de penalti. Francisco odiaba el verano, y ahora el verano le devolvía ese odio en forma de rayos a alta temperatura. El sudor estaba estropeando su peinado engominado, esperaba a que llegase su madre o alguno de sus invitados para refugiarse en una pequeña sombra a charlar con ellos. Mientras tendría que estar allí junto a la iglesia esperando a los impuntuales invitados y a la novia que seguro que llegaría más tarde de lo que marcaba la tradición, eso estaba claro, con lo que la gustaba dar la nota.

Laura esperaba que su padre bajase al coche, estaba nerviosa, su madre no hacía más que decir una y otra vez que estaba muy guapa, que qué le parecía el traje que se había puesto, que estaba muy nerviosa, que mira que es  pesado tu padre, que siempre tenemos que llegar tarde por su culpa. El padre bajaba las escaleras presuroso, se había pasado la mañana lavando el coche, con este calor, y encima ahora le obligaban a ponerse ese traje. Pero estaba feliz, la felicidad que veía en la cara de su hija le hacía olvidar todos estos sufrimientos, incluso que le apretasen los zapatos nuevos que le había comprado su mujer para la ocasión.

Junto a la iglesia Francisco miró su reloj, quedaba un minuto y todavía no había llegado nadie, normal, con este puto calor la gente no llega hasta que no abran la iglesia para meterse al fresquito. Se secó el sudor con el pañuelo del bolsillo, que volvió a doblar con esmero antes de guardar. La gente que pasaba ya empezaba a mirar curiosa.

Laura era feliz, había tomado la decisión más importante de su vida y ahora su padre la llevaba en aquel coche, su coche de siempre, al encuentro con el hombre al  que amaba.  Él estaría ya esperando nervioso. Su madre la miraba una y otra vez desde el asiento de adelante, abrió la ventanilla, ya iba llegando la hora de hacer feliz a su marido y comprar un coche más nuevo, de esos que llevan aire acondicionado y todo. Total ahora que dentro de poco se iban a quedar solos, bueno o solos o de niñeros como le pasó a su vecina María que creía que se iba a quedar sola cuando se casaron sus tres hijas y ahora no para con tantos nietos. La tienen esclavizada a la pobre, aunque ella se queja poco, más bien se alegra de esa segunda juventud que le han dado los nietos. Ella también quería nietos, pero no era el momento de decir nada, más adelante cuando lleven un tiempo.

El cliente del bar llevaba tiempo mirando por el escaparate.

-Mira, -le dijo al camarero- otro novio al que han dejado plantado, ya van dos en este mes. Por que el otro día cuando fui a comprar el pan vi. a otro que estaba esperando

El camarero se acercó a mirar y sonriendo de dijo al cliente:

-Es el mismo de la semana pasada, y de la anterior, la verdad es que lleva 6 meses viniendo todos los sábados. Está un poco tocado, ahora cuando lleguen los invitados de la otra boda, y sobre todo el novio, se armará el lío. Les dirá que tienen que esperar que se celebre su boda, que él tiene hora a las 12, que ha sufrido un retraso la gente, y así hasta que lleguen los municipales, que ya le conocen y no se como no se ponen allí a las 12 para que no pase esto. Me imagino que será la intersección de San Esteban, que no quiere que se celebren en su iglesia matrimonios que no vayan a ser felices.

- ¿La intersección?, ¿qué es eso?. –Dijo el cliente- Además desde que dijeron lo de San Sebastián yo ya no creo en esas cosas. Seguro que a los municipales les divierte. Eso de ver gente trajeada discutiendo no deja de ser entretenido, la novia que se pone a llorar de los nervios, el cura que sale a la calle a ver que pasa, la madrina revolucionada, el padrino que mira que no se retrasen mucho para el banquete. No deja de ser una atracción para la zona. ¿Y de la novia desaparecida?, ¿sabes algo de la novia?

-No se nada, se dice que le dejó porque era un cabrón y le hacía la vida imposible, y si eso era así de novios, fíjate de casados. Sí es verdad, dejarle tirado es lo mejor que pudo hacer la muchacha.

Ella estaba ansiosa por llegar, quería que todo fuese bien, hoy se iban a conocer sus padres y los padres del que iba a ser su marido. Del ángel que la sacó del infierno en el que la metió el cabronazo con el que estuvo a punto de casarse.


El proceso fue simple. Utilicé una formula mágica ideada por el sabio Merlín no hace mucho, y que hoy en día está al alcance de todos los que sepan lo que buscan en Internet.

Vertí la poción resultante en un recipiente rojo pasión, y tal y como ponía en las instrucciones me pasé unos días hablándole a esa frasca, ya mágica, de mi mujer ideal.

Un domingo por la mañana, ella estaba en el lugar que antes ocupaba el recipiente. Desde ese momento, mis días fueron felices y mis noches intensas.

Hasta que me dejó por otro.

Ahora, llevo un par de días hablándole otra vez a un recipiente de cristal rojizo. Ya no se me olvida comentarle algo sobre los beneficios de la fidelidad.

Años antes ante el pelotón de fusilamiento pensé…. Matías dejó de escribir, sonrió, después de todo cien años de soledad era su libro favorito. Y ¡qué diablos¡ aquello era cierto. Lo único que llamar pelotón de fusilamiento a eso, dos soldaditos imberbes y un sargento no menos joven. Matías ya recordaba pocos detalles de aquellos tiempos, siete décadas, ni más ni menos, en el pueblo solo quedaba la leyenda, el rumor silenciado por el tabú. Eran los primeros días de 1938, si todo fuese normal un martes más de carnaval, pero en España no estaban para muchas fiestas tras dos años de guerra fraticida que parecía estar terminando.

Volvió a escribir algo, recordaba el tiempo que hacía, nieve en las montañas, hielo en las entrañas escribió un día en un poema. La verdad es que le estaba costando escribir aquel episodio de su vida, a él, que se había hecho famoso por sus novelas de más de 800 páginas, nunca había escrito sobre su vida, por lo menos de su vida anterior a la llegada a Argentina. Pero tenía que seguir, dejar constancia de aquel acontecimiento, dejar constancia por escrito de eso que a veces cuenta y nadie cree. Miró al papel, allí en perfecta letra de tinta azul estaba él ante aquel pelotoncillo de fusilamiento.

No era normal que se hiciesen esas cosas delante de todo el pueblo pero Paco el de la Petra quería dejar las cosas claras desde el primer día. Por eso estaba él, aunque apenas tenía 14 años nadie del pueblo se sorprendía de su presencia allí, después de todo era hijo de un Sargento Republicano que acababa de morir en Madrid. ¿Pero el maestro?. Nadie sospechaba nada del maestro, era un buen hombre, omnipresente con su traje marrón y su corbata oscura, la única referencia cultural de los niños del pueblo desde toda la vida, tal vez el que más sabía del pueblo, tal vez por eso estaba allí, algunos maldicientes dudaban de su sexualidad, era raro que no estuviese casado ni se le conociesen escarceos con ninguna moza del lugar. O puede que fuese por una venganza personal de Paco que siempre había sido un poco zoquete, decían. De todo se iba especulando en el corrillo que se iba formando tras los ejecutores.

Matías estaba ante aquellos niños, un poco mayores que él. Veía a Paco que sonreía satisfecho, a Don Juan el alcalde, el cura y el resto del pueblo con cara compungida. Matías recuerda que incluso había alguien disfrazado a medio celebrar aquel martes de carnaval. Don Juan lagrimeaba al tiempo que negaba con la cabeza. Cuando Paco dio la orden de apuntar, el alcalde tras empujar a los que estaban delante de él salió corriendo hacia ellos. Matías pensó que aquel hombre de bien no podía consentir que fusilasen a un niño. Paco mantenía la mano levantada mientras estupefacto observaba aquella escena, aunque salvase al niño, al maestro no lo salvaba ni el maldito Pitágoras en persona.

Don Juan llegó a su altura dando grandes aspavientos y todo el pueblo aplaudió cuando vio como alcalde y maestro se fundían en uno solo con un beso apasionado. Paco bajó la mano gritando ¡fuego!, y todas las balas fueron para la recién revelada pareja. Ambos cayeron abrazados y Matías apenas recuerda como una mano fuerte le agarró del brazo y se le llevó corriendo aprovechando la confusión.

Poco después estaba en un barco rumbo a México, donde se hizo un hombre de provecho y años después en Argentina un ilustre escritor.

Matías corrigió su relato y con mano temblorosa escribió su título,La increíble pero cierta historia de Matías el Gallego

Es el pequeño hombrecillo que aparece por tu pueblo en fiestas.

Los más machotes del lugar, apoyados en la barra de algún sucio chiringuito, sonríen cuando le ven llegar. No dejan que pague ninguna cerveza, que es lo que bebe el hombrecillo, con el objetivo de emborracharle y reírse más de él.

Van de chiringuito en chiringuito y lo exhiben cual trofeo. El hombrecillo, se va riendo, todos creen que a causa de la cerveza, pero tal vez sea que se ríe de ellos.

Al final de la noche, cuando al fondo, entre montañas, empieza a amanecer, todos los hombrotes se van a casa con su mamá, o puede que su mujer les espere impaciente. Mientras, nuestro hombrecillo, duerme plácidamente en un banco de algún jardín, sin ninguna otra preocupación que la de decidir a qué pueblo irá mañana a buscar otros machotes que le alegren la noche.

Imagine que siempre ha tenido a alguien a su lado y que seguirá estando ahí, que le comprende a la perfección y que comparte con usted la mayoría de sus preferencias. Reconfortante, ¿no? Pues este parece ser el motivo por el que los gemelos se suicidan menos como se ha evidenciado en un trabajo realizado por científicos ingleses.
Los fuertes lazos familiares parecen ser la razón por la que los gemelos no suelen poner fin a su vida con tanta frecuencia como el resto de la población. Así lo explican investigadores del Centro de Estudios de Población de la Facultad de Medicina Tropical e Higiene de Londres.

A esta conclusión han llegado después de analizar los datos de 21.653 gemelos nacidos entre 1870 y 1930 en Dinamarca y el motivo de su muerte ocurrida entre 1943 y 1993. Como se había comprobado en otros estudios, el patrón de mortalidad que presentaron estos hermanos fue similar al resto de la población. Sin embargo, estos gemelos tuvieron una tasa de suicidio un 25% menor en los hombres y un 30% inferior en las mujeres en comparación con otras personas de sus mismas características (sexo, edad y nacionalidad), pero que nacieron sin la compañía de otro lego.

Esta reducción en el número de suicidios fue similar tanto si los gemelos eran monocigotos como dicigotos. Los embarazos monocigóticos se producen con la fecundación de un solo óvulo por un solo espermatozoide y posteriormente una división del huevo alterada dando lugar a dos embriones. Los dicigotos proceden de la fecundación de dos óvulos por dos espermatozoides distintos.

El mayor factor de riesgo para cometer un suicidio es presentar una enfermedad mental, sin embargo en otro estudio danés se encontraron que los gemelos tenían más trastornos psiquiátricos. “Eso debería dar lugar a una mayor proporción de gemelos que cometan un suicidio comparados con la población en general, pero nuestros resultados muestran exactamente lo contrario, lo que subraya la importancia de unos fuertes lazos familiares”, explican los autores del estudio publicado en la revista ‘British Medical Journal’.